El avión boliviano encontrado por el propietario de un campo cerca de la localidad entrerriana de La Paz en Argentina regresaba a Santa Cruz de la Sierra casi vacío, después de dejar en suelo argentino la cocaína que había traído.
El dueño del Cessna 206, matrícula CP-846, es el piloto boliviano Kevin Roca Alpire, de 63 años. Los investigadores de la Policía de Entre Ríos están tratando de determinar ahora si las huellas halladas en la aeronave corresponden a este hombre, que cuenta con antecedentes de narcotráfico de cocaína.
Roca Alpire tuvo trascendencia en Bolivia hace más de una década al protagonizar un accidente aéreo con la aerolínea Aerocon, de Beni, en la frontera con Brasil, donde murieron ocho personas. Este piloto boliviano figura en los registros oficiales de aquel país como propietario y comandante del monomotor abandonado en un campo del noroeste entrerriano, publicó La Nación.
En enero pasado fue secuestrado otro avión, un Cessna 210, pero esta vez en Ibicuy, en el sur de la provincia mesopotámica; tenía un cargamento de 359 kilos de cocaína. Se presume que esta aeronave había salido desde la zona de Beni, en Bolivia, y recorrió unos 1600 kilómetros hasta aterrizar de emergencia en la zona de islas del delta entrerriano.
La policía provincial detuvo a un piloto brasileño y a una mujer que lo acompañaba, Jade Isabela Callaú Barriga, que fue reina de belleza en Bolivia y tiene un lazo de parentesco con el narco boliviano Jorge Adalid Granier, preso en el penal de Ezeiza y socio de un jefe narco rosarino, Fabián “Calavera” Pelozo.
El nuevo hallazgo de esta avioneta narco cerca de La Paz enciende alertas sobre las rutas nuevas que están ganando espacio en el aire, que tienen que ver con una triangulación entre Bolivia, Paraguay y la Argentina. El objetivo del traslado de estas cargas no tendría que ver con el consumo interno en las principales ciudades del centro del país, como Buenos Aires, Santa Fe y Córdoba, sino con ubicarlas en embarques que tienen como destino países de Europa, Asia y Oceanía, donde la droga adquiere un valor mucho mayor.
Fuentes del Ministerio de Seguridad de Entre Ríos confirmaron a LA NACION que tienen identificado al dueño de la avioneta, que es un piloto boliviano de larga trayectoria y con supuestos lazos con el narcotráfico. Los peritos están tratando de establecer si las diez huellas detectadas en la aeronave secuestrada pertenecen a este hombre, que podría haber sido quien piloteó la aeronave en el espacio aéreo argentino. Si logran confirmar estos datos se cursará un pedido de detención de Interpol, advirtieron las fuentes.
El hallazgo de la aeronave se produjo en San Gustavo, en el departamento La Paz. “Cuando el personal policial, después del aviso del dueño del campo, revisó la aeronave no encontró sustancias estupefacientes. Solo había tanques con combustible. Pero el olfato de los perros especializados marcaron lo que se conoce como ‘olor muerto’ de cocaína”, explicaron los investigadores consultados.
“Evidentemente, la cocaína que llevaba el avión fue descargada y cuando el piloto regresaba a su país tuvo un desperfecto técnico y tuvo que abandonar la aeronave”, afirmaron las fuentes consultadas. La investigación del caso quedó a cargo del juez federal de Paraná, Leandro Ríos.
Después de que se secuestrara el avión, agentes de la policía de Entre Ríos realizaron por la zona una búsqueda del piloto con cámaras térmicas y perros, pero no tuvieron resultado positivo. El piloto huyó después de que la avioneta aterrizara por falta de combustible. Tenía un problema en uno de los tanques. Cuando abandonó la Cessna 206 olvidó unas cajas de alfajores Havanna y paquetes de sal marina y unos vinos de la bodega Catena Zapata.
Lo que marca este hecho, con otra avioneta como flete de carga, es que el transporte de la cocaína cambia de manera casi permanente. Desde hace unos años, a partir de la pandemia, según los especialistas consultados, se consolidó una ruta aérea de la cocaína que es una especie de triángulo: Bolivia, Paraguay y Argentina.
En la zona de Cochabamba, Santa Cruz y Beni, en Bolivia, se produce la pasta base y luego la cocaína, que se envía al Chaco paraguayo, una región poco habitada e inhóspita en Paraguay donde se consolidan los cargamentos que aterrizan en pistas clandestinas, según el investigador de la Universidad de Asunción Carlos Pires.
Luego, a través de la Hidrovía o por avionetas, las cargas de cocaína llegan a la Argentina, fundamentalmente a Rosario y Buenos Aires, y a Uruguay, donde son camufladas para salir rumbo a Europa o Asia, donde el valor de la droga es más de diez veces mayor.
Lo que observan desde hace tiempo los investigadores de Procuraduría de Narcocriminalidad (Procunar) es que los vuelos se realizan en el límite entre Argentina y Uruguay sobrevolando las inmediaciones del río que marca la frontera entre ambos países. La sospecha es que en esa zona es más difícil una intervención aérea cuando las aeronaves narcos vuelan por momentos en cielo argentino y por otros en el uruguayo.
Los investigadores evalúan si esta avioneta hizo un viaje similar al Cessna 210 que aterrizó de emergencia en Ibicuy con 359 kilos de cocaína, en enero pasado. En ese momento, Néstor Roncaglia, ministro de Seguridad de Entre Ríos y exjefe de la Policía Federal, señaló a LA NACION que la trayectoria de vuelo de la avioneta da indicios de que se dirigía hacia la provincia de Buenos Aires. Allí está muy cerca el puerto de Zárate-Campana.
El análisis de los investigadores de la Procunar es que uno de los que tiene influencia desde hace por lo menos tres años en esa ruta es el boliviano Adalid Granier. Aunque a fines de enero fue condenado en Salta a diez años de prisión por narcotráfico, su nombre aparece como una sombra ante cada avioneta secuestrada, porque era uno de los que manejaba la logística a través de esa vía en la zona.
El problema que enfrenta la Justicia argentina ante este tipo de hechos es la reticencia que tiene Bolivia a colaborar. La Justicia boliviana es indiferente a todos los pedidos que se hacen desde la Argentina. Por caso, jamás avalaron una extradición de un narco de ese país a la Argentina. Con Paraguay hay mejor vínculo, pero muchas sospechas de la penetración del narcotráfico a nivel institucional.
Los vuelos narcos provenientes de Bolivia y de Paraguay llegan cada vez más cerca del centro del país. Eso es algo que antes no ocurría. Los llamados “bombardeos” de droga eran el método más usado en el norte de la Argentina, a pocos kilómetros de la frontera con Bolivia, cuando no había intermediación de Paraguay.
Salta y Santiago del Estero eran las provincias donde más se daba esta metodología, que consiste en que la avioneta “pierde” altura para arrojar los bultos con la droga en puntos fijados con GPS. En las inmediaciones generalmente hay cómplices que en pocos minutos se llevan el cargamento.
Ahora las avionetas hacen recorridos más largos. Por ese motivo se incorporaron más radares para tener un mejor control aéreo, como el que se puso en funcionamiento el año pasado en Tostado, norte de Santa Fe.
Fuente: La Nación de Argentina https://www.lanacion.com.ar/seguridad/el-dueno-del-avion-narco-secuestrado-en-entre-rios-es-un-piloto-boliviano-que-hace-diez-anos-nid25032025/